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MAESTRO ESPIRITUAL DEL CUCURUCHO INTERIOR
Dalai Lame predica una espiritualidad serena, dulce y perfectamente compatible con darse un gustito. Para él, la iluminación no siempre llega con la práctica del silencio interior ni después de años de disciplina, a veces aparece en forma de helado, se sirve en cucurucho y se disfruta antes de que se derrita. Entre túnicas, cuencos tibetanos y una lengua dispuesta a saborear la trascendencia, Dalai Lame enseña que los pequeños placeres también pueden ser un camino espiritual. Su doctrina no niega el deseo: lo contempla, lo bendice y lo lame con pasión.
Los gustos, si son pequeños, hay que dárselos en vida.